Artículo de opinión de los alumnos: Beatriz Pinto, Filipa Minhós, Gabriel Lopes, Guilherme Inês, João Francisco, Leonardo Sales, Margarida Ribeiro y Sofia Barata (Escola CCB)

Cada país tiene sus diferentes tradiciones culturales y es eso lo que hace que cada uno tenga su propia identidad.

Una de esas tradiciones tiene que ver con las festividades alrededor del 1 de noviembre. En algunos países hispanohablantes se habla del “día de muertos”, en otros de origen anglosajona de “Hallowen”. Ya en Portugal hablamos del “dia das bruxas”, que parece ser una influencia de los países anglosajones, puesto que cuando nuestros padres eran niños esta tradición no la teníamos en Portugal. Hoy en día, durante la noche del 31 de octubre, los jóvenes se disfrazan de cosas terribles y van de puerta en puerta pidiendo dulces y diciéndoles “doçura ou travessura”, que es una traducción del “trick or treath” del Hallowen. Cuando no quieren abrirles la puerta, a veces les hacen bromas, arrojándoles harina y huevos a las puertas.

Al revés de muchos jóvenes de nuestra edad, nosotros no solemos participar en esta tradición, pues no nos gusta ir de puerta en puerta y tampoco nos gustan las bromas que se suelen hacer cuando no les dan los dulces.

Cuentan nuestros padres y abuelos que hacen muchos años en Castelo Branco había una tradición que se llamaba “Santorinho”, en la que los niños iban de puerta en puerta pidiendo comida, golosinas y dinero a los vecinos y al mismo tiempo iban diciendo: “Pão por Deus, Fiel de Deus, Bolinho no saco, Andai com Deus.”. Esta tradición nació cuando hubo una fuerte crisis  y las personas con más capacidad económica llenaban la mesa de comida, para donar a los niños pobres. Hay algunos pueblos donde, todavía, los padrinos ofrecen unos pasteles llamados “Santoros” a sus ahijados. Otros prefieren darles regalitos e incluso dinero. ¡Esta sí, es una tradición que nos gusta mucho!